diumenge, 1 de novembre de 2015


Nuei de Sanchuan (en Escalete)

Aquella noche mágica de luna llena, Nuei de Sanchuan, sucedió lo que más temia.


Sortida de la pardina d'Escalete
Con mirada furtiva y ojos brillantes, preñados de tristeza, cargaron fardos, recogieron el ganado y se fueron. Con ellos, risas y llantos,  canciones y reniegos. ¡Maldita soledad  que los empuja a abandonar mi reino! Y yo, Giganta de Escalete, no fui capaz de impedir.
 

Y ahora, sólo un recuerdo de aquellos atardeceres en que tras larga jornada,  los animales eran bajados por los zagales que los cercaban en el iglesión. Y aquellos críos,  volvían de la escuela charlando, con gran alborozo y orgullo, de la joven  maestra  que enseñaba de letras y cuentas, les llevaba al ibón y abría  nuevos mundos  desconocidos.

Y si os dijera que muy a menudo se me asemeja aquel locuaz parloteo de las mozas cuando iban a por agua allá donde aguas cristalinas desportillan  el roqueral, al barranco de “Forcallo”. ¡Cómo las echo en falta!

Sin olvidar los peregrinos que,  haciendo un alto en el camino al encuentro del Francés, se acercaban a la casona en busca de viandas  preparadas por los Dieste,  masoveros  de la pardina; y como en llegar los postres, anocheciendo y junto al hogar,  aquellos romeros de  dulce parla, nos obsequiaban con relatos y leyendas de tierras lejanas.

De aquello ya sólo silencio que  embolica y algunas noches, de “Os Mallos”, ráfagas que alarman, crujir de ventanales, sacuden e invaden morada abandonada. Ventada que se lleva una teja, otra, y algunas más todavía. Ventisca que pulveriza, arruina.

En Escalete ya no hay casa; sólo piedras, recuerdos y añoranza.
 
La casa de Escalete, al peu del camí de Sant Jaume
 


 

 

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